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miércoles, 8 de julio de 2020

Ella mientras duermo 8

Parte 1:


Tenía un fuerte dolor de cabeza, pero si consideraba la causa, eso no era tan fuerte, más bien relativamente era un dolor bastante leve. Si, Math podía recordar ahora lo que había sucedido. Después de que había abandonado la habitación donde dormían plácidamente las chicas, había ido a deambular por el pueblo tratando de aclarar su mente. Esas calles que conocía casi como la palma de su mano y que podría recorrer incluso con los ojos vendados, estaba tan acostumbrado a la tranquilidad del pueblo que no se esperaba que al doblar en el cruce de la vía principal viniera un vehículo a toda velocidad y entonces…


“Espera un minuto ¿Acaso estoy muerto? ¡No, no, no, no, no! ¡Eso no puede ser posible, si hubiese muerto al ser arrollado, no podría estar soñando en este momento… ¿A menos que se trate de la vida después de la muerte? Pero si ese fuera el caso ¿Porque terminaría en el mismo lugar de mis sueños? Necesito despertar”


Con la misma estrategia de siempre, de algún modo  logró el resultado esperado,  un acogedor sueño se había apoderado de él y al instante estaba abriendo sus ojos en lo que podría considerar “Su verdadero cuerpo”. Bueno, esta vez había sido incluso mucho más fácil que las veces anteriores


Había algunos detalles y pormenores que debía prestar atención,  como el hecho que las ropas que llevaba puestas antes habían sido reemplazadas por una bata blanca; también, su mano izquierda estaba enyesada, eso era bastante malo, probablemente le traería algunas secuelas para tocar algún instrumento y arar el campo. Estaba también ese ligero dolor en su cabeza, probablemente apaciguado por algún medicamento que le habían suministrado, al llevarse una mano a la frente tratando de sobarse, noto algunas vendas que le envolvían. Por todo lo demás, parecía encontrase completamente bien, fuera de un par de raspones. Fue un gran alivio, haber pensado que podía haber estado muerto, en realidad le había dado un gran susto, pero entonces después de descansar de esa terrible idea u nuevo malestar lo invadió. Sentía un gran temor, y no era como el miedo a quedarse dormido de antes, en su lugar parecía más bien que temía no dormirse. Más bien, parecía que temía a lo que podría pasar si no se dormía, lo que podría pasarle a esa otra chica que también se sentía como si fuera él.


¿Desde cuándo algo como eso había comenzado a preocuparle tanto? Había tenido algunas sensaciones semejantes antes, aquellas veces que al despertar de forma repentina, dejando algún sueño inconcluso quedándole un sentimiento de ansiedad y pesadez por saber que ocurriría después. Pero en esta ocasión había algo diferente, aquel sentimiento se sentía mucho más real.


Ya había comprobado que, de forma relativa, todo estaba bien de este lado, además, ya que se encontraba en un hospital, si las cosas se llegaban a complicar, seguramente los médicos sabrían que hacer. En ese orden de ideas, lo mejor era si podía ir a ese otro lugar a asegurarse que nada malo fuera a pasar.


Nuevamente cerró sus ojos y se sorprendió a sí mismo de la facilidad con que logró quedarse dormido despertando de nuevo en aquel pequeño cuerpo. De cierto modo eso confirmaba lo que venía sospechando hace un tiempo, esto era algo más que un simple sueño, aunque tampoco era la evidencia suficiente para confirmarlo.


Por otro lado, ahora que se había hecho más consciente de sí mismo, o tal vez de sí misma, era que podía darse cuenta el terrible estado en que se encontraba, con múltiples heridas y moretones en su cuerpo, un terrible dolor ulcerado, en consecuencia de una escasa alimentación y sus pocas fuerzas para moverse adecuadamente a causa de la desnutrición. También había un riachuelo de sangre bajando por su rostro, esto tal vez a causa de aquel último golpe que le había propinado aquel monstruo. Probablemente si hubiese recibido ese golpe en su cuerpo real, ahora mismo estaría muerto. Extrañamente aquel pequeño cuerpo era bastante resistente.


Había algo más en su condición que no había tenido en cuenta, algo que preferiría haber olvidado y que si le preguntaran, probablemente no mencionaría. Solo pensar en lo que le había hecho aquel monstruo un par de noches atrás, hizo que el poco contenido de su estómago se devolviera en la forma de un viscoso líquido verde.


Tras haber vaciado su estómago finalmente notó que su condición no era la más terrible en aquella habitación, la mujer de antes estaba desplomada en el suelo, con parte de su cuerpo recostado en la pared, en la parte superior de la pared había una gran salpicadura de sangre y muchas otras alrededor de la habitación. Probablemente parte de la sangre que había sobre él pertenecía a esa mujer. La mitad de su rostro había sido destruido, algunos huesos de su caja torácica rompían la carne para asomarse fuera de su cuerpo y su respiración era tan débil que daba la sensación de que moriría en cualquier momento.


Necesitaba ayudarla, quería hacerlo, sin embargo no tenía ningún medio para ello. Si tan solo esto fuera un sueño, podría arreglarla con tan solo pensarlo, pero ya había abandonado esa idea hace unos momentos atrás y todo lo que le quedaba era una terrible sensación de pesar que poco a poco le conducían a las lágrimas. Lentamente se acercó mientras intentaba decir algunas palabras de consuelo, pero nuevamente su voz no salió. Eso era algo raro; si esto no era un sueño ¿A qué podía deberse aquel fenómeno? Mientras pensaba en ello una cálida sensación húmeda llenó sus pies, al observar hacia abajo pudo notar claramente el rojo de la sangre. Sólo entonces recordó, que la primera vez que había estado en aquel cuarto, sus ojos no podían ver nada, parecía ser que ahora se había acostumbrado a esa oscuridad.


El charco de sangre que había debajo de sus pies parecía ser de esa mujer. Ella había perdido demasiada sangre, esto hacía que la idea de poder salvarla fuera incluso más remota.


Tener toda esa sangre justo en frente de sus ojos trajo otra extraña sensación a Math, era algo bastante similar a cuando tenía a la maid con cuernos durmiendo junto a él, pero a la vez era algo muy diferente. Aquella vez había dentro de sí un gran deseo de tenerla a ella, pero en esta ocasión el deseo que sentía, más que por tener a esta persona era que ella pudiera seguir a su lado ayudándole en toda esta aterradora situación.


De algún modo la conclusión a la que llego fue la misma de antes y sin que pudiera darse cuenta de sus propias acciones, ya tenía la muñeca de la mujer entre sus dientes, succionando tanto sangre como aliento de vida.


No estaba seguro de porqué, pero después de haber hecho eso, se sentía mucho más tranquilo.


Al haberse relajado pudo notar ahora la batalla que se estaba llevando a cabo en aquel mismo momento fuera del edificio. Esos seguramente eran los aliados de los que aquella mujer había hablado antes. Este no era momento de quedarse allí sentado, necesitaba encontrarse con ellos pronto. No había seguridad de que pudieran ganar, así que al menos deberían poderle ayudar a escapar si iba ahora mismo. Además la puerta que antes les bloqueaba ahora estaba completamente destruida.


Para ese momento la mujer bestia había dejado de respirar, pero eso no parecía incomodar de ningún modo a Math. No podía explicar el porqué, solo sabía que no debía preocuparse por ello. Tan solo tomo a la mujer por debajo de sus hombros y con las fuerzas que tenía comenzó a arrastrarla.


Apenas lograban llegar a la destrozada puerta cuando una voz femenina le detuvo.


— ¡Tu! ¡Espera, no… no debes salir!






La persona allí parada era la maid demonio de antes. Entre sus manos sostenía la manta con el estampado similar a una escudería de armas que le había dado su abuela.


Math tuvo algunos sentimientos encontrados en ese momento. No sabía decir si esa mujer era amiga o enemiga y todo lo que concretó hacer fue ponerse en medio de ella y su compañera moribunda para evitar que fuera a intentar algo malo.


La manta de su abuelo reposo sobre su cabeza, cobijando sus doloridos hombros, al levantar la mirada pudo una cálida expresión provenir de la mujer de raza demoníaca mientras le dedicaba algunas palabras.


—Por ahora aquí adentro es más seguro. Cuando ellos te encuentren solo debes mostrarle tu escudería, de este modo sabrán que eres uno de los suyos.


Seguido la mujer media vuelta y disponiéndose a partir, pero siendo detenida por la mano de Math que sujetaba la orla de su vestido. Quería decirle algo pero su voz no salía, sin embargo ella pudo notar las palabras que quería transmitir en su mirada.


—Yo tengo algunas cosas de las que debo ocuparme en este momento. Si logro volver con vida, espero que pueda aceptarme. Mi pequeña ama.






Parte 2:


“Maldición, maldición… Bastardos, todos deberían morirse”


En medio de su frustración, Arc solo consignaba maldecir en el interior de su mente. Unas cuantas horas atrás su amada había dado señales de vida al conseguir activar la llave que disipaba la barrera que protegía a los enemigos, esas eran maravillosas noticias, pero ahora, por culpa de las instigaciones de esos estúpidos nobles se encontraba en la línea del frente con los esclavos. En esta ocasión era su propia vida la que corría peligro.


“No voy a darles el gusto de morir, no ahora que Gizette está regresando a salvo” pensaba mientras evadía las hojas enemigas para contraatacar con todas sus fuerzas. Aunque no era tan fuerte como otros soldados, el tenia bastante experiencia en batalla, así que no lograrían herirlo tan fácilmente. En circunstancias normales, un hombre como él, alrededor de sus 30 y con tan grande experiencia habría sido puesto en la fila de los triari y solo habría entrado en combate si las cosas se ponían realmente mal, pero ya que recientemente la legión a la que pertenecía se había llenado de jóvenes nobles, su centurión los había puesto a ellos allí para mantenerlos a salvo y el junto a sus compañeros que debían haber estado en ese lugar fueron movidos a la línea principal. Bueno en ese punto la situación no era del todo mala, hasta que ocurrió aquel problema con Delius, viéndose forzado ahora a estar entre los astati, en el frente de batalla con los esclavos.


Los demonios de la primera línea enemiga eran pequeños goblins armados con lanzas y espadas, no fue muy difícil para ellos hacerles frente, incluso para los esclavos. Bueno, sería un error considerar a los esclavos como débiles, solo por ser esclavos. Probablemente habría entre ellos guerreros mucho más experimentados que él, eso le daba un poco más de esperanzas para sobrevivir a esta situación.


En la primera línea, el era el único que tenía un escudo consigo para protegerse de los golpes, si hubiera sido un noble cobarde probablemente eso no le habría sido suficiente y habría usado a los esclavos como escudos de carne, sin embargo él no era así y tampoco actuaría de un modo tan vergonzoso que se le pudiera comparar con ellos. Aquel escudo le significaba una gran ventaja estratégica en este primer enfrentamiento y mientras el interceptar los ataques enemigos sus compañeros de línea contraatacaron hundiendo la punta de sus cuchillos y hachas en los cráneos de los demonios. En vista de que su jabalina había sido confiscada como prueba de su crimen contra un noble, eso también era lo mejor que podía hacer hasta que en el campo de batalla logró obtener un arma de los cadáveres enemigos para poder aportar también en la ofensiva.  Con su experiencia y las fuerzas de sus nuevos compañeros, rápidamente consiguieron acorralar la primera línea enemiga.


— ¡Arc!
— ¡Arc!
— ¡Arc!


Tanto esclavos como ciudadanos de los barrios más marginados que ahora se encontraban allí aclamaban su nombre, aunque eso provocaba un efecto contraproducente en las líneas principales de las otras legiones. Esos guerreros estaban teniendo más dificultades para lidiar con el enemigo delante de ellos, eso podría significar un serio problema si la segunda línea enemiga o su caballería atacaban en este momento cuando ellos aún no terminaban de liberarse e esta parte.


Tras acabar con los que tenían delante Arc dio una orden de replegarse para ir a asistir a la siguiente ala, sin embargo sólo los esclavos obedecieron su orden tal cual, otros ciudadanos del bajo mundo y algunos mercenarios de poca fama le siguieron después de ver que de no hacerlo se quedarían solos a campo abierto, siendo blancos fáciles.


Bajo sus instrucciones, las líneas astati comenzaron a juntarse tras vencer un segundo y tercer escuadrón de goblins, las condiciones para recibir la siguiente línea enemiga mejoraron, pero los siguientes en atacar no era para nada como él lo había pensado. Los siguientes en salir eran solo 3 larguiruchos guerreros cubiertos con una capucha negra de la cual emanaba una espeluznante oscuridad. Los enemigos, sostenían tétricas guadañas en sus manos que daban la sensación de absorber tu alma si te quedaras viéndoles.


Uno de ellos levantó su guadaña, como disponiéndose a lanzar una estocada y luego trazó un corte en el aire que se manifestó en forma física como una gran cuchilla negra que era despedida hacia el campo de batalla.


— Todos al suelo ¡Ahora!

Cuando la voz de Arc retumbó, todos los esclavos que alcanzaron a oírla obedecieron, evadiendo el ataque que se disponía a dividirlos por la mitad. También unos cuantos mercenarios siguieron su vos, solo por instinto de supervivencia, los demás que estaban en la primera línea fueron cortados. Mientras se encontraban aterrorizados en el suelo, finalmente pudieron ver venir la siguiente horda enemiga, esta vez quienes en escuadrones corrían hacia el campo de batalla eran enormes orcos akorazados con armaduras de hueso y metal corrían salvajemente hacia ellos, algunos pocos tenían espadas y mazos, pero la mayoría se disponía a atacar con las manos desnudas.


— ¡Replieguen! —ordenó uno de los mercenarios sobrevivientes.
— ¡No, no lo hagan! —Advirtió Arc— ¡Eso es lo que quiere el enemigo, si nos replegamos seremos blancos fáciles para el ataque de sus guadañas! —Incluso con eso dicho, los orcos seguían avanzando hacia ellos y necesitaban hacer algo al respecto— Retrocedan, necesitamos el apoyo de arqueros y magos.


Al escuchar sus palabras todos los esclavos obedecieron y en esta ocasión también los mercenarios y demás que continuaban con vida en la primera línea, a excepción de dos esclavos que se mantuvieron junto a él y le sorprendieron al comenzar a conjurar magia para atacar el campo enemigo. Nunca se había detenido a pensarlo ya que no tenía nada que ver con él, pero ahora que lo experimentaba de primera mano, estaba seguro de ello. Había bastante talento desperdiciando entre los esclavos.


Gracias a esos dos el avance enemigo se vio repentizado y entorpecido, entonces los centuriones a cargo finalmente comenzaron a enviar al ataque las líneas principales. Eso seguramente debió haber sido porque no pretendían dejar la gloria a los esclavos y marginados de la primera línea.


Junto a los principales de la infantería pesada, también avanzaron arqueros y magos que n9o paraban de disparar contra los enemigos. Con los ánimos renovados Arc volvió a tomar voz de mando hacia la batalla llevando consigo a los esclavos y mercenarios.

♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦

No había sensación de dolor, esta se había ido. Solo quedaba un sentimiento de paz en su interior que le indicaba que todo iba a estar bien, aunque a decir verdad ella no podía estar completamente segura de ello.
Podía recordar su misios, pero también recordaba que ya la había completado; eso ya no importaba. “Ah es cierto, le dije a esa chica que la ayudaría a escapar. Bueno si todo salió bien lo más probable es que haya sido rescatada. Sin embargo probablemente nadie más aparte de mi reconocería el linaje de esa pequeña, en el mejor de los casos sería llevada a Solum como una sirviente e alguna casa noble”.


La mujer de la tribu de los hombres bestia, más precisamente de los Rabbitskin, reconoció sus propios pensamientos como un apego para mantenerse con vida, sin embargo también recordaba el estado en que había quedado su cuerpo después de su última pelea, no había clérigos cerca que pudieran sanar y los que venían con las tropas aliadas, probablemente tardarían demasiado en llegar. Todo lo que le esperaba era la muerte.


“¿Acaso no estoy ya muerta?” se preguntó a si misma por la ausencia de dolor. “No, si así fuera el caso, en lugar de esta pensando esto, estaría ante la diosa (7▲) rindiendo cuentas por mis culpas”


Curiosa por la extraña situación, la mujer intentó mover su mano, ella la levantó hacia arriba como si intentase alcanzar algo, y entonces la cálida sensación de una pequeña mano recibiendo la suya le acogió, fue entonces cuando consiguió abrir los ojos topándose con el rostro de aquella pequeña mirándola desde arriba. Aquella posición y aquella paz que podía sentir; justo ahora descansaba sobre el regazo de la chica, no recordaba haberse sentido así más que con una persona en el pasado, y ese era su anciano primer maestro, quien le había dado la marca que tenía en su hombro. Antes había tenido sospechas de que esa chica era su descendiente a causa de la manta que la maid demonio se había llevado cuando la trajeron a esta celda, pero ahora al sentir esta reconfortante sensación provenir de la chica, no le quedaba ninguna duda.


Rápidamente su sentimiento de alivio se transformó en culpa al ver algunas lágrimas rodando por las mejillas de aquella pequeña. ¿Preocupación por su persona? Para alguien de su marginada especie, sería muy pretencioso pensar de este modo. Probablemente la pequeña se había sentido abandonada en aquel lapso de tiempo en el que se debatía entre la vida y la muerte y por eso lloraba aliviada de no tener que continuar sola.


En medio de la oscuridad, los labios de la péquela parecían moverse, pero su voz no salía, había algo mal con ella, algo malo le había ocurrido durante el tiempo que no podía protegerla y por eso su voz ahora no salía. Esa fue la conclusión a la que llegó.


— ¡Pronto, necesitamos llevarte con un clérigo para que te revisen! —Algo alarmada tomó la mano de la pequeña y tiro de ella hasta estar fuera de la habitación. Sangre y cadáveres, era todo lo que restaba del personal que trabajaba en aquel lugar, tirado por los pasillos. Pero entre el olor a muerte había otro extraño olor que alerto a la mujer bestia se trataba del olor de un demi-humano pero también se trataba del olor de una entidad demoniaca. Rápidamente se puso en guardia para proteger a la chica, cuidadosamente percibió el aroma queriendo determinar la posición de los posibles enemigos, pero aquel aroma se mezclaba entre sí formando uno solo y provenía justo de atrás de ella, provenía de aquella pequeña que intentaba proteger.


— Tú… tú ¡no eres humana! —exclamó sorprendida la mujer.


La pequeña se detuvo allí mismo mirando sus propias manos también bastante sorprendida, parecía ser que ni ella misma tenía idea de lo que era. ¿En qué agujero había estado ella hasta ahora para tener esa reacción? Bueno, era obvio que había estado en aquel calabozo, pero antes de ser traída aquí, probablemente su vida no había sido muy agradable tampoco.


Ella misma había tenido una vida bastante difícil mientras que su padre pertenecía a la tribu Rabbitskin, su madre era de la tribu ratskin. Para los hombre bestia como ellos vivir en este mundo significaba estar bajo opresión y discriminación. Los humanos los conocían como demi-humanos y los demonios los despreciaban como semi-demonios, si a eso añadían el hecho de que ella era un cruce de dos tribus diferentes, coincidía en su propia gente discriminandola también. De no haber sido por su anterior maestro Dazar el héroe, probablemente no estaría el día de hoy con vida.


Ahora que lo pensaba, estaba segura unas horas atrás de que iba a morir. No lo había pensado mucho hasta ahora, pero probablemente era esa pequeña quien la había salvado. No había otra explicación.


La chica parecía estar en una situación muy similar a la suya y además en lo que a ella concierne, era una descendiente de su difunto maestro. No podía llevarla con los clérigos, probablemente se darían cuenta de su cruce de especies y la matarían, pero tampoco podía abandonarla a su suerte en este lugar. La mejor opción que se le podía ocurrir era quedarse con ella y aprovechar esta oportunidad para dimitir del gremio de aventureros. Hace mucho que había pensado en eso último, pero ya que los hijos y nietos de su maestro siempre estaban moviendo hilos con la intención de tener su fuerza para ellos, no había podido hacerlo. Permanecer como una aventurera era lo único que le impedía tener que servir a un nuevo amo; ahora por algún motivo sentía que si se trataba de esa pequeña todo debería estar bien.


— Escúchame, necesito que seas una buena chica y te mantengas quieta y calmada a mi lado —le dijo mientras la envolvía en aquella lujosa tela que tenía la escudería de armas de la familia de su difunto maestro— Voy a sacarte de este lugar, solo debes confiar en mí.



♦♦♦♦♦♦♦♦


— Ya son 4 mil bajas confirmadas  y otros 7 mil enemigos capturados, además, los soldados siguen avanzando a través de la capital demoníaca acabando con cualquier posible insurgencia. La expedición de invasión a la capital demoníaca se puede considerar un rotundo éxito, Lord Norman.


En su tienda de campaña, ahora ubicada justo delante del palacio principal de la capital demoníaca, el Duque Norman recibía las noticias que le traían sus vasallos intentando alegrarlo, pero su expresión permanecía en un gesto de amargura, ninguno le decía lo que él quería escuchar.


— ¿Qué hay del general Amargrus? —preguntó en su grave tono de sermón a media noche.
— Aún no logramos encontrarlo, parece ser que escapó de la ciudad en algún momento después de su enfrentamiento con él.


Eso no le agradaba mucho. Durante su batalla estaba seguro de haberle asestado varios golpes que podrían considerarse mortales, eso si su fisiología se podría comparar con la de otros demonios con los que había peleado antes, sin embargo a pesar de todas esas heridas su enemigo había logrado ir y no podían encontrarlo. El marqués no iba a estar muy contento con ese resultado, o por lo menos eso pensaba él.


— ¿Alguna noticia de Gizette? — Ese era el otro asunto que le aquejaba, aquella chica que había enviado en la misión suicida, aprovechándose de su posición como heredero de su abuelo a quien ella servía. Si algo le había sucedido, sería un cargo de conciencia que tendría que llevar para siempre.
— Sí, bueno… Al parecer se está presentando un pequeño inconveniente con la señorita Gizette. — Esas palabras le hicieron recobrar el aliento, si ella estaba dando problemas, eso significaba que había regresado con vida de su misión.
— ¿Qué es? No importa, solo llévame donde está ella.
— Mi señor, eso no es conveniente, solo deje que la iglesia se ocupe de ella.
— ¡Te estoy ordenando que me lleves con ella! —La voz de Norman se levantó a la vez que su puño destrozaba de un golpe el punto de descanso en el mueve que estaba sentado haciendo temblar al hombre frente de él— ¿Quieres que te lo repita?
— No hace falta mi señor —Contestó encogido el hombre— Ahora mismo lo llevare con ella.


En el Pabellón medico los heridos eran traídos por montones, aunque al llegar allí no eran atendidos inmediatamente, los bajos clérigos los clasificaban por su importancia social y aquellos con alto estatus eran atendidos primero incluso si solo tenían un pequeño rasguño mientras que los de origen humilde debían esperar hasta el final de la jornada cuando todos los nobles estuvieran sanos y salvos, incluso si tenían graves heridas. Muchos de ellos ya habían muerto a la espera de la atención médica. Otros intentaban prestarse primeros auxilios entre ellos mismos haciendo un esfuerzo por sobrevivir.


De entre los pacientes de origen humilde había un par que habían llamado la atención de los sacerdotes presentes en la campaña se trataba de la aventurera Gizette y una pequeña que venía con ella, envuelta en una manta negra.


A causa de su gran logro la mujer probablemente recibiría un título nobiliario como recompensa, pero eso no podría importar menos al sacerdote. Ella aun no recibía dicho título y además era una demi-humana, a su criterio no merecía la pena ser atendida. Entonces el porqué de su deseo de recibirla de inmediato en la tienda en que se encontraba su consultorio era muy simple. Ahora que ella había regresado como una heroína, muchos nobles estarían interesados en ella y pagarían grandes cantidades de oro por obtener un único dato de su interés. ¿Había vuelto ella siendo aun pura?


Incluso cuando el hombre insistió en verla de inmediato en su consultorio, Gizette continuo negándose, incluso hasta el punto de reaccionar violentamente y ahora se encontraba rodeada por arios clérigos que pretendían capturarla mientras  que el sacerdote lanzaba algunas acusaciones.


— ¿Porque te niegas a ser atendida por la iglesia, hijita? ¿Acaso esos demonios te han lavado el cerebro? ¿Sera posible que ahora estés a favor del culto al rey demonio?


Aquellas instigaciones del sacerdote estaban destinadas a persuadirla para que le permitiera revisarla la insistencia era tal, que a Gizette ya no solo le preocupaba que descubrieran la identidad de su pequeña acompañante, sino también le causaba repuls y preocupación por su propio cuerpo.


— ¡Mantén tus manos lejos de mí, viejo pervertido!

Tales palabras lograron alarmar a las personas alrededor que esperaban ser atendidas, comenzando a oírse rumores al respecto. El sacerdote se vio en una mala posición, pero supo cómo salirse de ello al instante.

— ¡Blasfemia! ¿Cómo te atreves a hablar así contra el emisario de la diosa? ¡Claramente ha sido poseída! ¡Guardias, aprésenla de inmediato!

Ahora no solamente eran los clérigos quienes se disponían a atraparla, también estaban algunos soldados entre ellos. Pero antes de que ninguno hiciera algún movimiento una grave voz detuvo los sucesos.


— ¡Ya es suficiente, santo Rogelio! Retira a tus hombres, yo me hare cargo.


“¿Quien te crees que eres?” quería decir el sacerdote, pero no se atrevía, sabía perfectamente de quien era esa voz y podía hacer nada contra el mas que obedecer sus palabras de mala gana mientras chasqueaba su lengua.


— Retírense —ordeno de regañadientes a sus hombres.

Cuando sus adversarios se habían machado, la mujer soltó un gran suspiro dejando que sus brazos rodearan a la joven chica a su lado.

— Lo siento, de verdad lo siento por eso.  —Dijo aferrándose a ella como si no pretendiera dejarla ir nunca— Las cosas se me fueron de las manos, pero de algún modo lo logramos.
— ¿Exactamente qué fue lo que lograron? —Sonó la voz del duque justo detrás de ella, como recordándole que no todo había acabado.
— se… señor… —Gizette se quedo paralizada por un momento sin saber que debería hacer, pero incluso si tenía dudas, solo había una cosa que debía hacer en ese momento, respiro profundamente para llenarse de valor y entonces dijo con firmeza— Ya he cumplido con mi tarea en este lugar, deseo que se me permita regresar a casa ahora.

Si bien Norman no tenía ningún motivo para negarse a la petición de Gizette, también era cierto que ella era un gran potencial de batalla que los otros nobles seguramente querrían tener allí por el resto de la campaña, pero más que nada justo ahora el hombre sentía una gran curiosidad por lo que estaba pasando con ella en este momento, o con más precisión…

— ¿Acaso tu decisión tiene algo que ver con la pequeña a tu lado?
— Así es —Respondió Gizette sin dudarlo mucho sabía que al final no saldría nada bueno si le mentía a esta persona en este momento, pero al menos podría guardarse parte de la verdad hasta que considerara era un momento más oportuno. —Es por ella, pero también es por mi… es por las dos. Hemos pasado por mucho en estos últimos días y más que nada necesitamos alejarnos de todo mientras todo vuelve a la normalidad.
— Eso es desafortunado, en serio nos hará falta tu poder y el de tu equipo para terminar de tomar la capital demoniaca y probablemente los altos mandos quieran aprovechar esta oportunidad para instalar una base y continuar avanzando a las siguientes ciudades enemigas.
— Realmente no puedo… — Se negó Gizette con fuerza y se disponía a excusarse enseguida, pero sus palabras se cortaron cuando su pequeña compañera se soltó de sus manos corriendo en dirección a la salida de aquel campamento —O ¡Oye, espera! — dijo siguiéndola. Norman también fue tras ellas lleno de curiosidad.


La pequeña envuelta en la manta continúo corriendo hasta alcanzar un grupo de prisioneros que eran escoltados por varios soldados y un hombre que parecía ser un comerciante de esclavos. Al alcanzar a aquel grupo comenzó a buscar desesperadamente entre ellos hasta que  se topo con una mujer humanoide vestida como maid quien parecía haber recibido bastante maltrato por parte de sus captores.
Los soldados alrededor pudieron notar la intención de la pequeña por aferrarse a su importante mercancía y no dudaron en golpearla, lanzándola al suelo


— Largo sucia pordiosera, será mejor que te apartes si no quieres terminar siendo vendida tu también.
— Oye ¿No tiene esa mocosa buena pinta? Apuesto que podremos conseguir unas cuantas monedas de oro por ella.


Uno de los soldados se disponía a tomar a la pequeña, siendo desprendida su mano por un ligero tajo que trazaba Gizette al llegar para defenderla.

— ¡Tu, es peligroso que corras así en este lugar, alguien podría tomarte por enemigo y atacarte!

De pronto gritos se dejaron oír por parte del soldado al que se le había amputad su mano.  El había quedado atónito por un momento al no saber lo que pasaba, pero al notar su sangre había desesperado completamente.


— ¡Gizette! ¿Quieres explicar exactamente qué es lo que está pasando? —Pregunto norman un poco preocupado por la dirección en que se desarrollaban las cosas. La unidad que se encargaba de los prisioneros ahora comenzaba a rodearlos y no lucían muy contentos por lo que le había pasado a su compañero.
— Esto… yo… — Gizette no parecía tener una respuesta al asunto, y opto por mirar a la pequeña a su lado quien parecía querer hablar, pero su voz seguía enmudecía— Tranquilízate —le dijo agachándose junto a ella para mirarla directamente a sus celestes ojos— ¿hay algo que necesite saber? Solo concéntrate y muéstrame, es importante que mantengamos la calma en este momento.


La pequeña comprendió muy bien que su situación no era muy buena ahora mismo, respiro profundamente para calmarse y luego levanto su mano para señalar a la maid súcubo. Gizette la miro y luego miro a la otra mujer, dirigiéndose hacia ella. Comenzando a revisarla.

— Tu, será mejor que quites tus manos de mi mercancía si no quieres…
— ¡Guarden silencio!

Ordena  Norman permitiéndole a Gizett continuar. Ella mira en su cuello, luego hombros y espaldas y finalmente al revisar las muñecas del súcubo encuentra una marca idéntica a la suya, era la escudería de armas de la familia de su difunto maestro grabada en la piel de aquella demonio, la única prueba que le hacía falta para poder confirmar la identidad de la pequeña.

— Lord Norman, tiene que ver esto.

Al principio la exprecion de Norman, mientras se acercaba era de curiosidad, pero al ver la marca en la muñeca de la mujer sus ojos cambiaron por un instante a angustia y luego a sorpresa. El gira a ver a la pequeña queriendo escuchar toda la historia, pero sabe que este no es ni el momento ni el lugar indicado, al final opta por llevarse una mano a la bolsa de la cual extrae un pequeño sello dorado que entrega a Gizette.



— Toma uno de mis carruajes y ve de inmediato a mi feudo sin desviarte del camino —le ordena seriamente— No te muevas de allí hasta que yo llegue y evita hablar mas de lo necesario con cualquier persona.

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