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sábado, 20 de junio de 2020

Parte 1:



— Pequeño Mathy, te traje una manta de tu abuelo para que no sientas frío en la noche, pero ¿Estás seguro de pasar la noche en este viejo cobertizo? ¿No preferirías dormir en casa? tenemos desocupada la habitación de tu tío Francys, podrías dormir allí.

Debido a que su hermana pequeña, Ashley había organizado una fiesta de pijamas con sus compañeras de secundaria, Math decidió pasar aquella noche fuera de casa. Sus abuelos siempre lo recibían con los brazos abiertos en casos como este, pero si mal no pensaba, en estos momentos esa chica Angie, su prima citadina, debería estar quedándose allí. Sería problemático encontrase con ella en algún tipo de molesta situación, su mejor opción era el viejo ático.

Cuando era niño solía pasar largas noches allí con su abuelo mientras él le contaba grandiosas historias de sus aventuras. Ahora sabía que dichas historias eran solo fantasía, pero aun así le seguían gustando. Sentía una gran nostalgia al estar en ese acondicionado cuarto en la parte superior del cobertizo, podría decirse que era un lugar con muchos recuerdos mágicos.

— Voy a estar bien aquí… no tienes de qué preocuparte.

El recibió la manta, tomándose un momento para acariciar las manos de su anciana y luego besarle en la frente.

— Creo que deberías estar más preocupada por el viejo. Tal vez se enfade si se da cuenta que tomaste su manta favorita.
—Ja, quisiera ver que intente enfadarse conmigo, lo tendré por dos semanas arrodillado pidiendo disculpas.

Eso era un poco… no podía evitar compadecerse del anciano de solo pensar en esa escena, una que con seguridad llegaría a suceder si tenía en cuenta cuánto valoraba el viejo aquella manta con un extraño estampado como de escudería de armas. Eran dos grifones que parecían estar listos para pelear entre si y una gran lanza en medio de los dos como impidiendo que lucharán. El viejo le había contado muchas historias alrededor del origen de esa manta, ahora podía decir que más de la mitad eran de esas historias fantasiosas que tanto le divertían. Bueno ahora aunque aún seguía amando eso, ya no era tan divertido desde que el viejo comenzaba a ponerse senil y difícilmente distinguía entre sus recuerdos reales y sus historias.

— Creo que deberías conservar esto, cinco años atrás el viejo estaría feliz de dártelo. —Dijo la abuela con algunas lágrimas en sus ojos.
— Lo aceptare…

Respondió el. Quería poder decir algo más, pero un nudo formándose en su garganta impidió que otras palabras salieran.
Aquel momento fue interrumpido por el sonido de la puerta del cobertizo abriéndose. La anciana giró su rostro para ver de quien se trataba y tras un par de pasos, pudo ver a otra de sus nietos entrando.

— ¿Abuela Sophi, estás aquí?
—Por aquí —respondió la anciana mientras movía un poco su mano para indicarle que subiera.
— ¿Qué estás haciendo aquí sola? Podría ser peligroso si caes o te golpeas.—le reprendió la chica luego de llegar allí arriba, luciendo bastante preocupada.
— No estoy sola, estoy con…

La anciana intentó corregirla, pero cuando giró de nuevo a ver a su nieto este ya no estaba visible, parecía haber desaparecido con la llegada de la chica. Una sonrisilla de complicidad apareció en el rostro de la mujer mayor al comprender por qué su nieto no quería dormir en casa aquella noche y no pudo evitar querer molestarle un poco.

— Oye, pequeña Angie¿Sabías que tu tía Ane tiene un hijo de tu misma edad?

La mujer se acercó a la chica y cruzó su arrugado brazo por sobre los hombros de ella, para continuar hablando sin darle la oportunidad de responder.

—Él es un chico bastante guapo, y aunque no es muy galante, me atrevería a decir que es un gran partido. Además ¿No crees que sería bueno que al final todo esto se quede en familia?

La anciana continúa hablando de todas esas cosas que el chico desde su escondite encontraba un tanto molesto, pero aun así no se atrevió a salir, limitándose a esperar bajo su manta en una esquina hasta que luego de hablar por un rato las dos se fueron.

— Eso fue realmente agotador —Dijo para sí mismo tras haber soltado un gran suspiro— Aun faltan un par de horas antes de que oscurezca, debería ordenar un poco este lugar en ese tiempo.

Aunque dijera ordenar ese lugar, la mayoría de cosas allí estaban empacadas y selladas en cajas y las cajas se apilaban una sobre otra. Por ahora no pretendía sacar esos viejos recuerdos, solo necesitaba pasar la noche allí y no más. Ese ordenar al que se refería solo era retirar algunas cajas que había sobre una vieja cama en una esquina de la habitación, reubicando las en el lado opuesto de la habitación y luego poner un tendido sobre la cama. Con eso hecho quería recostarse por un momento y descansar de las duras labores del campo. No, si lo hacía seguramente se dormiría aunque fuera de día; era mejor si primero tomaba un baño, entonces no habría problemas con tomar una siesta. Eso le habría gustado mucho, pero pronto recordó porque estaba allí en lugar de en la casa con sus abuelos, y la idea se esfumó de su mente.

Ya que no le quedaba de otra y el cansancio lo ameritaba, decidió prepararse para tomar una siesta en ese mismo instante., lanzando su pantalón a un lado y su polera al otro. Seguido su rostro giro alrededor de la habitación, como buscando algo que le hacía falta, pero no pudo hallarlo.

“¡Qué raro, juraría que puse la manta sobre la mesa!”

Queriendo verificar su ubicación se rasco un poco la cabeza para estimular los recuerdos, y sin haber logrado nada, comenzó a caminar alrededor para buscarla detrás y debajo de las cajas que había movido. También la busco en el lugar que había usado escondite y así continuó buscando hasta que el sol se había puesto y derrotado cayó rendido sobre la cama.

Su cuerpo estaba envuelto por una suave sensación de calor, cálido, reconfortante y de algún modo placentero. La suavidad sobre su rostro que en un instante también pasó a estar entre su mano y entonces al abrir sus ojos pudo notar  aquella belleza mayor que estaba recostada sobre él.  Esto era realmente malo ¿En qué momento esa desconocida había llegado hasta allí? ¿Con qué intenciones se había metido en su cama? ¿Qué haría si alguien llegase a encontrarlo en esta situa…?

Las inquietudes que comenzaban a acumularse se desvanecieron en el instante n que pudo notar el escenario a su alrededor, se trataba de aquella pequeña habitación de piedra nuevamente; esto solamente era un sueño. Después de haberse soñado tantas veces encerrado en este lugar, tener por primera vez compañía allí se sentía bastante bien.

Su acompañante era una persona que no conocía, había oído hablar antes de esas situaciones en que luego de soñar con un desconocido la gente los conocía en la vida real, no estaría llegar a conocer a tal belleza, siempre y cuando no fuera una persona demasiado irracional. Pero luego de observar con más detalles, esa fantasía se hizo añicos. La mujer con traje de maid, con cabello corto al cuello, hermosos y brillantes labios que convidaba a besar y esas proporciones que incitaran a cualquier hombre joven o incluso mayores,tenía un par de pequeños cuernos en su frente y una larga y delgada cola que se deslizaba por debajo de su minifalda y se mecía de un lado a otro. Esa mujer solo era producto de su imaginación.

“Tal vez ocurrió por la nostalgia que sentí de las historias del viejo”

Eso también explicaría el hecho de que ahora mismo estuviera envuelto en la manta que había buscado con tanto esfuerzo, pero sin lograr encontrarla. Su cansancio y preocupación.Se estaba proyectando en su sueño.

Como fuera, ya que estaba teniendo tal sueño, no estaría mal aprovechar la oportunidad que tenía en frente. Aquella mujer de su fantasía era bastante atractiva, quería poder tocarla y tal vez ir un poco más allá, pero tenía experiencia con este tipo de sueños. Si era demasiado brusco ella seguro se deshacía en pedazos; si la despertaba probablemente intentaría escapar de el y si intentaba ir demasiado lejos, se despertará antes de poder concluir nada.Debía disfrutar de este momento lenta y cuidadosamente para no arruinarlo.

Suavemente dio una caricia a esos tiernos y carnosos labios mientras la miraba con profundo deseo; cada segundo que la observaba la deseaba a un mas; su corazón saltaba fuertemente en su pecho, parecía que podría estallar. No había forma de que pudiese soportar más esta tentación y entonces…

— ¡Ñom!

¿Qué? ¿Por qué estaba haciendo eso? ¿Por qué de pronto todo el deseo que sentía se estaba saciando al morder la frágil muñeca de la hermosa mujer?

Lo que fuera, en ese momento parecía sin importancia; hacer eso no solo estaba saciando ese terrible deseo que sentía por ella; también su malestar y dolencias que sentía normalmente cuando soñaba estando en este lugar se estaban desvaneciendo. Si pudiera quedarse así por siempre…

— ¡MALDICIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON!

Un terrible grito retumbó por las paredes sacándolo de su letargo. La hermosa maid pareció reaccionar y enseguida soltó su muñeca para envolverse nuevamente en la manta. Eso había sonado realmente aterrador, como si proviniera de una entidad monstruosa. Su dulce sueño de pronto comenzaba a transformarse en una pesadilla.

El grito se oyó un par de veces más. La maid despertó y después de algunos segundos se fue cerrando la gruesa puerta tras ella. Hubiese querido salir tras ella. Bueno, no todo era malo, ahora se sentía con muchas más fuerzas que antes. Si alguien intentaba entrar por esa puerta, debería poder emboscar y escapar. Eso si se trataba de ese tipo de sueño: tal vez la siguiente vez que esa puerta se abriese, alguna horripilante criatura podría cruzar por allí.




Parte 2:

A diferencia de lo que se podría esperar de una ciudad conocida como la capital demoníaca, las calles de Mephias gozaban de un tranquilo orden, caminando sus ciudadanos en completa armonía. Al encontrarse un ciudadano con otro se podía oír un cordial saludo mientras que cada uno continuaba su camino. En alguna esquina había una joven pareja charlando, o tal vez coqueteando, mientras que al pasar un oficial de la ley esbozaba una sonrisa de comprensión, como pensando “¡Ah, la juventud!” mientras quizás recordaba cuando él había pasado por aquella etapa.

No solo el ambiente parecía fuera de lugar para una capital demoníaca, también lo era el paisaje de grandes y majestuosos edificios, que de no ser por la carencia de cruces u otros símbolos religiosos, podrían ser confundidos por bizantinos. Bueno, no era que carecieran de símbolos religiosos, en realidad estaban allí, pero eran muy diferentes a los que se podrían considerar de la renombrada arquitectura, pues sus objetivos de adoración eran también muy diferentes. Uno de ellos era la majestad a quienes todos allí conocían como el rey demonio.

Los caminos en medio de las edificaciones eran adoquinados y los colores del adoquín formaban hermosas figuras, dignas del gran artista que las había acomodado. Una gran plaza en el centro de la ciudad, tenía una hermosa fuente que con gracia lanzaba chorros de agua hasta 10 metros de altura y estos reflejaban luces de colores mientras descendían nuevamente. Además, por si dicho panorama fuera poco, dentro de la ciudad, perfectamente alineados, en ubicaciones estratégicas para resaltar su belleza, se podía encontrar bastante vegetación. La ciudad era simplemente hermosa.

Siempre que alguien tiene algo bueno, alguien más lo quiere, y si no puede conseguirlo la envidia lo carcome hasta el punto de hacer lo posible para arruinarlo.

El caso parecía estar aplicando justo ahora aquí en la capital demoníaca, cuando una persona debajo de la sombra de una capa, corría por las calles, desentonando la harmonía. Minutos después de su paso, también llegaron algunos guardias que parecían estar buscándola, mientras que revisaban cada posible lugar donde se pudiera estar escondiendo.

La gente estaba confundida por aquella situación, nadie entre ellos se atrevería a desafiar la autoridad de los 4 generales designados por el mismísimo rey demonio ¿De qué se podría tratar toda esta situación? Fuera lo que fuera iba a dejar una gran mancha en el historial de los actuales generales si no era resuelto pronto.

En su mansión el general Amargrus se encontraba hecho un completo lío. Sus tentáculos se retorcían de la ira y su boca echaba espuma. El motivo para esto era que después de revisar minuciosamente su habitación, había encontrado, o más bien no había encontrado el objeto que había sido robado. Una llave dorada, con una calavera de cabra en la parte superior y varios rubíes incrustados a lo largo de sus cuernos. Este objeto era algo muy importante, era la llave que usaban los generales para entrar y salir de la barrera que protegía su ciudad de sus enemigos no demonios. Y también de otros demonios. No todos los demonios eran tan razonables como los que vivían en esta ciudad… o más bien los demonios bajo el yugo de su rey eran una rara excepción a la estampa tradicional que definía a los demonios.

Caminando de un lado impacientemente Amargrus pensaba en que debería de hacer ahora ¿Qué cara debía presentar ante sus compañeros generales y ante su rey? ¿Qué pasaría si sus enemigos no demonios atacaban esa ciudad? No, esto último sin duda alguna ocurriría, después de toda la mujer que pretendía convertirse en su esposa y con la que había desfogado toda su lujuria la noche anterior era uno de ellos…

—¡Maldita sea!

Con fuerza azotó su cabeza contra la rocosa y gruesa pared de su habitación, salpicando manchas de sangre por todas partes, acababa de comprender que eso había sido su propia culpa, él era quien había traído a esos humanos y no se había dado cuenta de que esa mujer se había infiltrado. Al esclarecer este asunto vino otra terrible idea, ¿Y si ella no era la única infiltrada? Incluso cabía la posibilidad de que todos ellos lo fueran.

Con furia y afán llamó a uno de sus guardias y lo envió a la habitación donde guardaba sus mascotas no demonios ordenando ejecutar a todas esas mujeres.
Mientras esperaba la ansiedad comenzó a carcomer su mente; lleno de desesperación mordía sus propios tentáculos haciéndoles sangrar ¿Si pudiera echarle la culpa de todo este asunto a alguien más?

“Es cierto, si esa maid no hubiese metido sus narices en todo este asunto, seguramente las cosas habrían resultado de otro modo” pensaba queriendo huir de la realidad. “Sin embargo no puedo solo pasarle toda la culpa a ella, y tampoco puedo tomar represalias directas cuando los soldados que aún son leales al cadáver de mi padre la protegen. Debo encontrar un modo de quebrarla y luego hacerla asumir la culpa diciendo que ella le lavó el cerebro a esa mujer bestia para que obrara de ese modo”

Bueno esa idea solo funcionaria bien si los guardias traían de regreso la llave, de lo contrario su propia cabeza estaría en una bandeja de plata para el anochecer. En caso de ese fuera el caso, debía encontrar otro modo para vengarse de la maid; ella debía sufrir incluso después de su muerte… entonces otra idea brilló en su mente.

“Esa estúpida mujer estaba encariñada con la mujer de la celda en la torre. Barreré el suelo con el orgullo de esa mestiza y luego me asegurare de que lleve mi descendencia. No hay modo que ella pueda olvidar eso por el resto de su vida, y si lo intentara allí estará mi hijo para recordárselo”

Con esa idea en mente, busco las llaves de la celda en el perchero que siempre las colgaba, pero ya no estaban allí. Estuvo conmocionado por varios segundo ¿Acaso esas llaves también habían sido robadas?Podría ser considerable, tal vez la ladrona y esa otra mujer eran aliadas. Si ese era el caso, entonces las había robado para liberarla.

Con todas sus fuerzas corrió hacia la torre, subiendo tan rápido como sus pies se lo permitían, esperando encontrar la celda abierta, pero cuando llego, sus ojos ardieron aún más al ver que quien en realidad estaba abriendo aquella puerta era su maid.



— ¡Alzaya!

Grito en un tono bastante tétrico, moviendo bruscamente uno de sus tentáculos para golpearla, azotando la contra uno de los muros; la mujer que no era más fuerte que un humano promedio se desplomó en el suelo, sin aliento por lo terrible de ese golpe.




La cerradura de la puerta hizo algunos ruidos, parecía que alguien estaba intentado abrirla de afán. Math se preparó para lo que viniera, esta podría ser su oportunidad para escapar de allí, pero también podría ser el inicio de una terrible pesadilla.

El forcejeo de la puerta se detuvo, se oyó la voz de un monstruo seguido por el gemido de dolor de una mujer, enseguida la puerta se abrió, viendo el chico que sus temores se hacían realidad. Lo que cruzaba por allí era un espeluznante monstruo que hacía que sus piernas flaqueasen de terror. De él provenía un fuerte jadeo interrumpido por cortos ronquidos húmedos.

El monstruo dio un paso al frente y como si sus pies hubiesen estado conectados, Math dio uno atrás, tenía todas las intenciones de huir en cuanto pudiera, sin embargo con todos esos tentáculos retorciéndose alrededor de esa cosa, no veía una apertura que pudiera aprovechar.

— Tú y yo vamos a divertirnos, vamos a pasar un muy buen rato.

Un escalofrío recorrió la espalda del chico al escuchar esas palabras. Aunque esa criatura no lucía como algo con lo que pudiera comunicarse y razonar, justo ahora le había hablado. Sus palabras eran espantosas… no solo era atemorizado por el contenido de esa frase, esa voz mórbida, los sonidos que producía su boca al hablar, como si su dialecto fuese un lenguaje profano. Pero lo asustaba aún más el haber podido entender ese lenguaje como si se tratara del castellano.

Repentinamente varios tentáculos se movieron velozmente hacia él. Fue de puro reflejo que sus pies se recogieron para esquivar rodándose por el suelo para luego correr directo hacia su enemigo esperando poder pasarlo y escabullirse hacia la puerta, pero esas esperanzas solo eran una mera ilusión que se esfumó en el momento que pudo sentir las viscosas ventosas que se aferraban a la piel de su cuello y brazos, levantándole por el aire. Intentó forcejear por un instante, mientras las ropas eran desgarradas de su cuerpo. Sus puños y pies se agitaron con fuerza, golpeando el cuerpo de aquel monstruo, pero no pareció afectarlo en lo más mínimo. Como si su fuerza fuera la de un simple insecto, intentando escapar de las robustas manos de un hombre adulto.

¿Cuánto más duraría esa pesadilla? ¿No era su respiración lo suficientemente agitada y su corazón no latía lo suficientemente rápido como para despertarse de un fuerte impulso?

Esos pensamientos pasaban por su mente mientras aun forcejeaba por escapar, hasta que repentinamente vino un intenso dolor en la zona de su entrepierna, dejando su mente completamente en blanco.

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