DevilNovels - Tus Novelas en Español

Devilnovels, Against the gods online español, Tales of Demons and Gods, Sovereign of the Three Realms, Legend of the Dragon King

Si te gusta la página, por favor desactiva adblock para ayudarnos.

lunes, 22 de junio de 2020

Ella mientras duermo 5

Parte 1:

Las fuertes arcadas le obligaban a doblarse hacia adelante mientras que con un agudo dolor el contenido de su estómago abandonaba su interior, siendo vaciado a través de la ventana hacia el exterior del cobertizo. Un profundo ardor quedó en su garganta y luego nuevamente vino el agudo dolor; incluso cuanto su estómago se había vaciado por completo, las arcadas continuaban. “Solo fue una pesadilla, solo fue una pesadilla”. Se repetía a si mismo tratando de convencerse ¿Cómo no hacerlo? Aquella horrible sensación parecía tan real. Sus manos temblaban, su cuerpo estaba empapado de sudor y aun así sentía un terrible frío colándose en sus huesos.

Su mirada buscó alrededor aquella manta que le había dado su abuela mientras regresaba a la cama, pero luego recordó que no había logrado encontrarla antes de irse a dormir. Enseguida también vino el recuerdo de haberla estado usando en su sueño, seguido con una lluvia de imágenes de lo que había sucedido después. Sus pasos se detuvieron en seco; más bien no tuvo las fuerzas para seguir moviendo sus pies. Su cuerpo casi podía sentir el mismo dolor que había tenido en esa horrible pesadilla.

— Necesito calmarme.

Dijo para sí mismo recogiendo la polera que antes había dejado tirada para cubrirse el frio con esta. Permitiendo que sus piernas se relajaron se dejó caer sobre la cama y antes que pudiera notarlo nuevamente estaba tirado en el suelo de aquella fría celda, completamente desnudo. Había un par de brazos rodeando su cuerpo, y se escuchaba el llanto de una mujer.

— Es mi culpa, es mi culpa. —Repetía entre sollozos

Su mente entonces fue invadida por un profundo temor, ira y sed de sangre… ¿Qué estaba pasando? Hasta ahora no había pensado en ello, pero era demasiado raro como cada vez que le vencía el sueño se encontraba en este lugar. Eso definitivamente no podía ser natural.

La imagen de aquel monstruo viniendo sobre él, llegó a su mente y su cuerpo comenzó a temblar lleno de temor, también había lágrimas en su rostro, pero entonces la mano de la mujer pasó sobre su rostro y le invadió un profundo sueño… ¿o tal vez el sueño fue espantado de él?

Otra vez estaba sobre su cama, aunque no había modo de que todo eso fuera real, solo pensar en ello hizo que volvieran las arcadas, pero ya no había nada en su interior que pudiera expulsar. Sus oídos retumbaban como si hubiesen sido golpeados por un muy fuerte sonido; podía oírse como relinchar de caballos, o quizás como el aullido de los coyotes.

En realidad era ambos, realmente los estaba escuchando, pero su mente estaba tan aturdida que apenas si podía percatarse de ello, aunque sus oídos zumbaban con el sonido que producían, pero al oír también el galopar de las bestias pudo darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Un grupo de coyotes estaba atacando los corrales de su abuelo.

De forma apresurada metió sus piernas en el pantalón que estaba tirado a un lado de la cama para luego saltar al primer piso del cobertizo. Colgada en una de las paredes había una vieja escopeta, rápidamente se colgó esta al hombro, pero también tomó un rastrillo que había a un lado de la puerta. El era un experto tirador y conocía algunas cuantas técnicas de cuerpo a cuerpo. Esas no eran habilidades que se consideraran comunes de cualquier chico de su edad por allí, pero por lo menos si lo eran para la mayoría de jefes de familia que tenían tierras y ganado que proteger. Al menos el 80% de los propietarios de terreno contaban con una de esas dos habilidades y ya que el planeaba serlo en un futuro se había preparado para ello desde que comenzó la secundaria.

En un principio, teniendo en cuenta que su fuerza solo era promedio se había inclinado por las armas de fuego con largo alcance. Había un cazador experto en Santa Clara quien fue su maestro, el también le enseño la importancia de saber cuando debía y cuando no disparar. También había tenido la oportunidad de experimentar por si mismo las consecuencias que deja en los animales silvestres el sonido de un disparo y tenía además una cicatriz en su pierna izquierda, prueba de haber sufrido uno por accidente.

Con dichas experiencias sobre él, decidió aprender también algunas de esas técnicas de combate cuerpo a cuerpo. ¿Artes marciales? El sentía que lo poco que sabía no podría describirse como tal, tan solo era lo que era, algunos pocos movimientos que le servirían para sobrevivir en algunas situaciones.

Esa era su forma de pensar, era como se había preparado para lidiar con situaciones como esa que estaba ocurriendo justo en ese instante en los corrales de su abuelo, pero por algún motivo, aquella noche en cuanto estuvo a la distancia de tiro correcta un par de estruendos sacudieron la noche, seguidos de agudos chillidos, dejando un par de animales fuertes en el campo. Había un tercero con vida esta tenía sus orejas agachadas y la cola entre las patas. Quizás por el susto, se había quedado allí paralizado, pero en cuanto vio la sombra del joven hombre que se acercaba comenzó a correr tan rápido como sus entorpecidas patas se lo permitían, pero no fue lo suficientemente rápido y cuando estaba a punto de llegar a la zona boscosa el golpe del rastrillo cayó sobre su espalda haciéndole una herida que le impediría seguir huyendo y entonces la herramienta usada como arma se levantó y volvió a descender con fuerza en un segundo golpe, luego un tercero y un cuarto y así continuó por un rato mientras una fuerte respiración se dejaba oír casi como lamento.

Sabía que estaba mal, tenía que detenerse, pero de su interior emergía un sentimiento que le impedía hacerlo y continuó, hasta que una luz proviniendo desde su espalda alumbró sobre su cuerpo, acompañado de una temblorosa voz.

— Quién… ¿Quién anda ahí?

Esa no era una voz que estuviera acostumbrado a escuchar, pero aun así había podido reconocerla, era esa molesta chica que se había mudado hace poco a la casa de sus abuelos. Estaba sola e indefensa ¿No era esa la oportunidad perfecta para ajustar cuentas?

Su mano con el rastrillo se levantó apuntando hacia ella, la espantada chica cayó de espalda y la linterna que sujetaba quedó alumbrando su propio rostro lleno de terror…

“¿Qué demonios estoy pensando? ¿Qué estaba a punto de hacer?”

Al lograr recuperar la cordura Math lanzó el rastrillo a un lado y la escopeta al otro antes de salir corriendo hacia el interior del bosque.

♦♦♦♦

— Que terrible malestar… anoche estaba tan asustada que ya no pude dormir después de eso.

Mientras caminaba hacia el lugar donde su abuela le había indicado que estaba la estación, la joven pelirroja se quejaba consigo misma sobre el espantoso incidente que había vivido antes del amanecer. Un demente se había metido a disparar en las propiedades de su familia y cuando salió a revisar, casi la había atacado con un rastrillo.

— Padre, eres un mentiroso.

Murmuró con un puchero en sus labios al recordar que antes de venir él le había dicho que el lugar era muy tranquilo y que mientras no fuera sola al bosque no debería encontrase ningún peligro. Todo había sido un gran embuste y ella misma lo había comprobado, a causa de eso ahora estaba tan agotada que le sería difícil conducir; por eso en aquella mañana necesitaría tomar el autobús para así llegar a la escuela.

— ¡Tu eres la chica que perseguía a mi hermano ayer!

Un fuerte y juvenil grito hizo que su cabeza retumbara por algunos segundos antes que pudiera girar a ver de quien provenía, aunque por el contenido de sus palabras ya podía imaginar más o menos de quien se trataba. Era la pequeña hermana del chico que la había ayudado el día anterior. O más bien el chico al que ella había forzado a ayudarla; como fuera, ya que él no se había quejado al respecto, podría reconocerle al menos eso, seguramente no era un mal sujeto, a pesar de su apagada apariencia.

— ¿Era Ashlye? —Se preguntó a sí misma, parando por un momento para dejar que las chicas que venían detrás suyo le alcanzaran— Buenos días ¿Todas ustedes están tomando el autobús? ¿Acaso hay una zona residencial por aquí cerca?
— No realmente —contestó otra de las chicas ya que la primera estaba muy concentrada en lanzarle una feroz mirada— En realidad tuvimos una fiesta de pijamas la noche anterior en casa de Ashlye, por eso venimos juntas el día de hoy.

La cansada mirada de la pelirroja se llenó de intriga por un instante al observar al grupo de chicas, mientras que la mayoría lucían como chicas de secundaria, había una que podría tener su misma edad, era la otra chica alrededor de Math el día de ayer.

— Hmmm ¿Así que una pijamada? —dijo mientras miraba fijamente a la rubia.
— Si, yo también estuve allí ¿Algún problema con eso? —Contestó Angie un poco molesta.
— No realmente fufu… Solo pensaba que era un poco conveniente que el evento fuese en la casa de aquel chico.
—E… ¡Eso es…!

Antes de que Angie pudiera decir cualquier cosa para refutar lo que acababa de decir la rubia, la corneta del autobús les interrumpió avisando que debían apurarse o las dejaría atrás. Todas las chicas, corrieron al instante, excepto por una que no se había detenido con las demás a charlar y seguía caminando con calma.

En el interior del autobús todas las chicas más jóvenes se habían sentado, había otro par de personas, estudiantes de grados superiores ocupando algún asiento, pero luego de revisar cuidadosamente, la citadina dio un vistazo atrás por la ventana y luego soltó un suspiro para tomar un asiento vacío junto a la ventanilla.

— Supongo que no hay remedio.

Dijo pensando en la persona ausente que seguramente estaban dejando atrás.

— ¿No hay remedio de qué?

La pelirroja levantó su mirada encontrando a la rubia, que si mal no recordaba también era su compañera de clases, a punto de sentarse en la silla a su lado, pero no era de ella de donde había provenido esa voz con aquella pregunta. Parada en el pasillo en medio de los bloques de sillas, se encontraba una joven albina, con una mirada poco expresiva mirándola directamente. Ra una de las chicas de secundaria; bueno aunque dijeran de secundaria, solo era un año menor. Si ella hubiese venido un año antes, probablemente se habrían conocido de la misma secundaria, y si todo iba bien, el siguiente año iban a estar en la misma preparatoria.

— Angie ¿Podrías permitirme esa silla?
— ¿Eh? ¡Ah!... Bueno.

Después de tartamudear un poco la rubia miró a su compañera como sintiendo un poco de pena mientras se iba hacia la silla de atrás, sentándose la albina en su lugar.

Ya que no había una expresión que pudiera decirle cómo interpretar esa situación, la pelirroja se sentía bastante incómoda, su mano se levantó por un segundo como si tratara de alcanzarla, pero enseguida se volvió a su lugar original, un intento de comunicación que al final ella misma había detenido, ya que no sabía qué era lo que la joven albina quería, lo mejor sería esperar a que ella hablara primero, o podría avergonzarse a sí misma.

— Amelia…

La albina solo dijo esta palabra, ese nombre

— ¿Si? —Respondió la pelirroja en tono de pregunta. Estaba confundida ya que no recordaba haberle dicho su nombre a nadie. Aunque quizás alguno de sus compañeros que lo hubiese escuchado del profesor que les impartía clases podría haberlo mencionado.

La chica se quedó mirándola por varios segundos hasta que su expresión que hasta ahora permanecía inmutada, logró cambiar un poco cuando sus cejas se juntaron un poco ¡estaba enojada? No podía saberlo completamente, su expresión era un poco confusa, pero de ser así ¿Qué había hecho para enojarla?

— Se supone que te presentes cuando alguien más se presenta.

Eso la confundió aún más ¿A qué horas se había presentado la chica? No lo había notado. A menos que…

— Ah… lo siento ¿Es Amelia tu nombre? Eso me confundió un poco, jeje. Mi nombre es Amelia. Es raro conocer a otra chica joven con este feo nombre de anciana.

Ante sus palabras, las mejillas de la albina se inflaron. Era algo gracioso de ver, aquellas blancas mejillas infladas, mientras que el resto de su rostro no hacía ninguna expresión en particular. De no haber sido porque su cabeza giró en sentido contrario de la interlocutora, con un ligero sonido — Jum —habría sido muy difícil adivinar que se había molestado por el anterior comentario. Sus siguientes palabras ayudaron a la interpretación de cómo se sentía.

— Mathy me dijo que mi nombre era hermoso. No digas que es feo, si no te gusta puedes cambiarlo.
— No lo haría —Contestó la pelirroja después de algunos segundos de silencio— Es el importante nombre que me dio mi madre.

— Es hermoso.

Ante la insistente mirada de la albina mientras decía eso, ella no tuvo más opción que sonreír dejando salir como se sentía realmente.

— Es cierto, es hermoso.

A partir de ello continuaron hablando el resto del camino hasta Santa Clara, aunque la albina había olvidado el motivo por el que en un principio había iniciado aquella conversación.




Parte 2:


— Amigo, te vez fatal ¿Acaso tu nueva novia no te ha estado dejando dormir?
— No tengo idea de lo que hablas…
— Ya sabes, una joven pareja, juntos a la luz de la luna, y entonces…

Una pieza de pan fue forzada a entrar en la boca de Arthur obligándolo a guardar silencio, el perpetrador de dicha acción había sido Math, quien por haber pasado las últimas tres noches en vela comenzaba a notar los efectos en su cuerpo.

— Se a lo que te refieres, lo que intento decir es que no tiene nada que ver conmigo.
— Por supuesto que tiene que ver —tras dar un par de grandes mordiscos para poder pasar el pan, Arthur se inclinó sobre Math diciendo esas palabras con bastante entusiasmo— Todos en la escuela ya lo saben, a chica nueva y tu suelen pasear juntos en su bello auto y luego…

Esta vez era un chorro de jugo exprimido a través de un pitillo hacia la nariz del joven con el mechón de cabello azul lo que acortó sus palabras.

— Si te estoy diciendo que no tiene nada que ver conmigo es porque solo son rumores.

Después de haber vuelto a negar lo que su compañero insinuaba, Math se puso en pie disponiéndose a dejar el aula de clases. Al verlo, su compañero comió rápidamente lo que quedaba de su refrigerio y corrió tras él, pasando su mano sobre el hombro de Math  de forma amistosa.

— ¡Oye viejo, no seas así! Mira, mañana comienza el fin de semana, las chicas organizaron una fiesta por su cuenta en la casa de dulces, no quisieron invitarnos, así que mi hermano mayor, Adrian y tu servidor Arthur decidieron organizar the best party. Tú serás la atracción principal, el chico sin gracia del pueblo que sale con la recién llegada y muy caliente citadina.

Ese razonamiento tenía muchos puntos que no le resultaban muy agradables a Math pero aun así, no le haría daño dar una respuesta agradable.

— Siendo ese el caso, tampoco estoy interesado.

Contestó de forma seca desinflando completamente a su compañero, quien a pesar de que seguía negándose continúo rogando con una voz que parecía que lloraría en cualquier momento.

— Muy bien, muy bien, solo tengo que aparecer allí y seguir refutando sus estúpidas conclusiones a lo que solo fue una mera casualidad ¿Cierto?
— ¡Exacto! ¡Todos estarán más tranquilos una vez que confirmen que aun sigues siendo el mismo virgen de siempre!

Math no pudo evitar mirar con menosprecio a este sujeto que decía esas líneas con tanto entusiasmo, definitivamente no quería ir allí. “No iré aunque el mundo se acabe”. Quería decirle eso, pero antes que pudiera abrir su boca, una cuerda de vida bajó del cielo en su rescate.

— Mathyas, papá quiere verte este fin de semana.

La persona parada detrás de ellos era una de las compañeras de curso de su hermana menor, Amelia era el nombre de la chica poco con cabello albino. El hombre que era padre de esa chica era también el cazador que le había enseñado la mayor parte de lo que sabía sobre disparar, defenderse a sí mismo y sobrevivir a intemperie. También había aprendido mucho de eso último por parte de su abuelo, pero no estaba seguro de cuánto de ello podría aplicar en la vida real.

Solo podía pensar en un motivo por el cual aquel hombre quería verlo, en consecuencia, no tenía muchas ganas de hacerlo, pero escuchar un sermón por parte de su maestro era, por mucho, mejor que tener que soportar las estupideces de sus compañeros de clases, junto con los chicos de grados superiores.

— ¿Entonces el viejo quiere verme?

Dijo tratando de confirmar que ese fuera realmente el motivo de que ella estuviera allí, en lugar de con sus compañeras de clases, aprovechando la hora de descanso. En respuesta ella se quedó mirándolo por unos segundos, su rostro no tenía expresión, pero sus ojos bailaron un poco en sus órbitas antes de desviar la mirada a un lado para responder en un tono más seco de lo que le era habitual.

— Se escucharon tiros en los campos del viejo Jorge. Mi viejo quiere hablar contigo… eso es todo.

Era lo que se estaba temiendo, pero a la vez, a pesar de su inexpresividad, él era capaz de leer a la chica. Eso no era todo, ella estaba actuando raro, además estaba el hecho de los tres coyotes muertos que ella no mencionaba. El que era su maestro, también era el tipo de sujeto que no tenía secretos con su familia, si ella no tenía la información completa realmente no estaba aquí por eso. Había algo más. Por supuesto si ella no quería decirlo, no tenía planeado obligarla a hacerlo.

— Si eso es todo, entonces voy saliendo. Tengo pecuarias en la siguiente clase.
— Espera…

Antes de que pudiera haber dado más de tres pasos, la mano de la chica lo sujeto gentilmente por la muñeca, sosteniendo la mirada en el suelo, era lo que hacía cuando estaba preocupada.

— Angie dice que estas teniendo esos extraños sueños otra vez.

Dichas palabras lograron molestarlo más de lo que podría haber pensado, notándose en la expresión de su rostro, la chica retrocedió su mano como por reflejo, acción que hizo que Math reflexionara. No estaba molesto con ella, tampoco con Angie, tan solo le molestaba el hecho de que el mismo no se había percatado e lo irracional de su propio comportamiento en los últimos días que incluso Angie lo había notado.

Aquella no era la primera vez que tenía esos extraños sueños, cuando recién iniciaba la primaria también había sufrido algunos episodios similares. Por aquel entonces había sido algo agresivo con sus compañeros y a causa de eso fue llevado a la ciudad con distintos psicólogos que lo medicaron para que durmiera tranquilo. Al parecer la falta de su sueño le alteraba y lo ponía un tanto agresivo y ahora ya era su cuarta noche desde aquella pesadilla con sensación tan realista, no quería volver a sentir eso, estaba un poco asustado. No podía decirle esas cosas a aquella chica.

— Estoy bien… del a tu padre que estaré viéndolo mañana
— ¡EH! Espera un momento Se suponía que vendrías conmigo a la fiesta ¡Fiesta!

Arthur no pudo evitar molestarse al ver que su plan se venía abajo e insistió en esa última parte esperando poder convencerlo, pero solo obtuvo la misma mirada de menosprecio de antes y luego algunas palabras que le cayeron como balde de agua fría.

— No tengo opción, me llaman para algo realmente importante. Pero para sus oscuros propósitos, deberían tener los mismos resultados si invitan a esa chica nueva y le preguntan directamente a ella. Eso si es que tienen pantalones para hacerlo.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario