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domingo, 7 de abril de 2019

Ismene capítulo 2


II

La pequeña Shiina como todas las mañanas juntaba agua en el río, aunque esta vez lo hacía sin compañía. Su tía Kushina quien normalmente la acompañaba a hacer esta labor había salido la noche anterior y no se sabía con certeza el día de su retorno.

Mientras llenaba los jarrones, jugaba con los mechones negros de su cabello que besaban la superficie del agua, el líquido cristalino reflejaba su infantil rostro y en una pequeña desviación de sus grandes ojos se percató de un bulto en la otra orilla.

Guiada por la curiosidad e ignorando los consejos de su madre que en esos momentos le inundaron la cabeza, cruzó con dificultad la corriente cargada. Lo que vio al estar a pocos metros fue a una joven de cabello oscuro, lastimada, atada con cadenas dorada y que vestía ropa ligera y rasgada.

Shiina parecía estar metida en una especie de trance que no dejaba de observar superficialmente a la joven, pero un olor la despertó... Entonces se percató de que el agua alrededor del cuerpo tenía un leve color rojizo que se mantenía a pesar del transcurrir de la corriente.

Estaba desangrándose.

Alarmada movió a la joven con intención hacerla reaccionar pero fue inútil. Su estado era grave, lo entendió al ver la herida en su pecho, de donde brotaba un líquido negro mezclado con sangre. Comprendió que ella necesitaba ser atendida lo más rápido posible, por lo que con la mayor delicadeza la subió a su espalda con intención de llevarla a casa.

Afortunadamente era bastante esbelta, si tuviera la complexión de su madre o tías le sería más difícil surcar el río. Cuando empezó a avanzar hacia la otra vera sintió una mirada penetrante que le congeló los músculos e impidió dar otro paso. Volvió la cabeza temerosa y vio unas luces ámbar en medio de la oscuridad que creaban esos poblados arbustos.

Aquella mirada fría con intensos instintos asesinos le pertenecía a una silueta gigantesca que lentamente se acercaba. Cuando la sombra salió y mostró su forma bestial, la pequeña Shiina cayó de espaldas. Medía más de tres metros, el pelaje blanco como la nieve y los ojos felinos color ámbar. Una especie de lobo monstruoso.

De un salto llegó a su lado, haciendo que ella retrocediera un poco... Dejando a la joven herida a merced del animal.

En el momento en que la bestia acercó su trompa al rostro de la chica inconsciente, la aterrada Shiina con los ojos húmedos por el miedo a ser la siguiente se lamentó haber ignorado las recomendaciones de su madre.

Pero... La acción que esta criatura tomó la desconcertó.

La gélida mirada de la criatura se había tornado dolorosa cuando observaba a la mujer, luego comenzó a lamer el rostro entre gemidos tristes. Al ver esto se levantó y comenzó a acercarse a donde ambos, pero se detuvo cuando el lobo le mostró su filosa dentadura.

—Ne-necesita ser atendida o morirá. Por favor permíteme llevarla con mi mamá, ella puede salvarla... —habló temerosa, no entendía por qué le dijo eso... Realmente no creía que el animal la entendería.

Entonces este la observó por unos momentos con la mirada apacible, luego asintió.

La pequeña Shiina abrió sus ojos llenos de sorpresa por estas acciones, esa criatura comprendió sus palabras... ¿Se trataba de una bestia mágica? No esperaba encontrar uno en esta área.

El lobo delicadamente mordió la ropa y colocó a la joven sobre su espalda. De un salto suave llegó a la otra orilla. Donde con la mirada le ordenaba a Shiina ha apurarse... Cuando ella también lo hizo, este con la cabeza le pidió que guiara el camino.

Yendo delante, de rato en rato miraba hacia atrás verificando que la estuvieran siguiendo, el bosque podía ser engañoso por la falta de luz, lo sabía por experiencia personal, pues en el pasado ella se había perdido muchas veces en ese lugar.

Ya que había explorado toda la zona cercana y los alrededores a su hogar, se preguntaba cómo un animal mágico como ese había llegado hasta esta zona donde vivían criaturas menores y no conflictivas. Quizás por eso su madre siempre le repetía que no se alejara más allá del río pues nunca se sabía que animales pueden llegar a zonas cercanas a causa de los conflictos y los aventureros.

Salió de sus pensamientos cuando vio la entrada a su hogar, dos grandes puertas y un cerco de metal rodeando toda el área. Además había algo que era imperceptible a la vista... Existía una barrera en ese radio protegiendo de cualquier visita no avisada.

Cuando regresó la mirada hacia atrás se dio cuenta que el enorme lobo había desaparecido, dejando en el suelo a la joven.


Kirishina quien hasta hace unos momentos se encontraba preparando el desayuno con tranquilidad dejó de hacerlo de golpe, por alguna razón una inquietud le atacó con intensidad. Llevó una mano a su pecho.... Era un mal presentimiento. Y hasta ahora nunca se equivocaba con esas corazonadas, algo malo iba a ocurrir.

Para empeorar su hija tardaba más de lo normal en traer el agua, algo que incrementaba más su angustia. Se preguntaba si fue una mala decisión dejarla ir sola. No aguantando más, dejó los utensilios y salió deprisa en busca de Shiina.

Por fortuna, al salir de la edificación encontró la tranquilidad en la pequeña figura de su retoño.

—Esta joven necesita ayuda, ¡por favor sálvala mamá!

Esa faceta preocupada y exaltada de Shiina era algo inusual, ella normalmente era bastante serena e inmutable con lo que ocurría a su alrededor. Incluso cuando sufrió una herida muy grave, su hija no mostró desesperación ni preocupación ni derramó lágrimas por la probabilidad de quizás perderla. Eso era algo natural y lo entendía perfectamente, de joven Kirishina había tenido una personalidad similar.

Buscando algún tipo de respuesta dirigió su mirada a la joven que su hija traía cargando en su espalda. A juzgar por su apariencia y ligera vestimenta, seguramente se trataba de alguna aventurera novata y temeraria que salió a una misión más allá de sus capacidades y terminó herida... Que imprudencia.... Entonces Shiina la encontró y trajo. Aunque seguía sin entender porque había generado esos sentimientos en ella.

—Entiendo... Veré qué puedo hacer, no te preocupes —dijo calmada, buscando lograr un efecto similar en su hija.

Tomó a la joven e ingresó a la casa rumbo a la sala de emergencias. No era la primera vez que un aventurero llegaba lastimado a su casa, después de todo esa área era la más beneficiosa para atender ha aventureros imprudentes.

Cuando la colocó sobre la mesa de operaciones y desvistió para facilitar su atención, descubrió dos cosas, una más importante que la otra: estaba en una condición demasiado grave y que lo conocía. Sí, no trataba de una mujer.

—Vaya que el mundo sí que es pequeño. ¡Maldición! —se mordió el labio.

Ya no sabía si la pregunta era cómo podía seguir respirando con eso o quién había sido capaz de hacerle eso o porqué justamente tuvo que llegar a su hogar. Estaba en una crisis sobre qué hacer en ese momento, si tratar de salvarlo a pesar de las atrocidades que había cometido o simplemente dejarle morir y hacerle un favor al mundo.

¿Qué era lo correcto? ¿Correcto? Irónicamente se cuestionaba en algo que toda su vida había visto como estúpido.

Sus dudas terminaron cuando de reojo vio a su hija observando desde la ventana. Quizás en el futuro se arrepentiría pero en estos momentos como médico y madre no podía permitirse dejarle morir, no mientras su pequeña Shiina la observara con esos ojos llenos de esperanza.


—Así que eres un chico eh... —desde la entrada observaba con curiosidad el rostro de la persona durmiendo. Había estado segura de que se trataba de una muchacha, hasta que su madre le aclaró su verdadero género.

Seguía sin creerlo realmente y tenía la intención de comprobar la afirmación con sus propios ojos, pero las veces que lo intentó alguien le interrumpía, hasta llegó al punto de pensar que lo hacían a propósito... Como si no quisieran dejarla sola con él. Algo que incrementaba más su curiosidad.

Pero decidió esperar hasta el momento que despertara y le preguntaría personalmente... Cierto, ya habían pasado unas semanas y seguía sin despertar. ¿Algún día despertaría? ¿Cuándo? ¡Deseaba que abriera los ojos ya!

Cada día pasaba unas horas observándole desde una distancia prudente por orden de su madre, ¿acaso era peligroso? Realmente era un poco extraño la actitud que los adultos mostraban. Se veía bastante inofensivo.

Hasta que el día esperado llegó.

Cuando ingresó a la habitación encontró al joven sentado sobre la cama, con la mirada perdida y el gesto indiferente.

—¿Te sientes bien? —preguntó esperando tener su atención, pero ni se molestó en verla y seguía observando a la nada.

Cuando intentó agregar algo más, la aparición de alguien la detuvo.

—No seas impaciente, él necesita descansar un poco más... Aún está cansado —era una voz suave e impasible, que pertenecía a una mujer de cabello oscuro y largo hasta los tobillos.

Se trataba de su tía Kikyo, quien traía en una fuente comida y la dejó sobre la mesa de noche, situada al costado de la cama.

—Por favor come un poco, cariño —vociferó con su voz suave, viendo al joven con mucha dulzura. Luego se acercó a Shiina y le dijo—: Vamos a desayunar, nos esperan en la mesa.

Asintiendo siguió a su tía hacia el comedor, pero antes de bajar al primer piso dio una última mirada a la habitación donde estaba el joven.

En la gran mesa se encontraban muchas mujeres con edades variadas, siendo muy notoria la ausencia de presencia masculina.

—Estas beneficiosas semanas lamentablemente están empezando a decaer. Cada vez son menos las pequeñas aldeas cercanas a la ciudad que son atacadas por bestias. Se está volviendo poco rentable trabajar como aventurero.

Shiina tomó asiento entre su madre y tía Kushina. No prestaba mucha atención a las conversaciones de sus demás tías y primas, poco le interesaban. Pero de rato en rato algo le llamaba la atención de los diálogos presentes.

—Supongo que se debe al culmen de la guerra. Las bestias que habían huido hacia zonas cercanas de la ciudad han comenzado a regresar a sus hábitats.

Cuando mencionaban la palabra guerra, Shiina se ponía atenta, le interesaba mucho por alguna razón.

—Cierto, ¿al final quién ganó? Espero que no la nación demoníaca. Sería muy problemático. Pero... Divertido.

—Tal parece que el Imperio Dorado salió vencedor. Aunque he oído que el vasto ejército del imperio se enfrentó sólo a una facción de las fuerzas demoníacas y salió bastante dañado.

Quienes dialogaban eran sus tías Kikyo y Kushina.

Terminó y se marchó tras agradecer.

En los siguientes días Shiina fue notando algunas cosas curiosas del joven.

Cuando le sacaban a tomar aire fresco este podía estar mucho tiempo observando enternecedoramente el firmamento, como buscando consuelo en este.

Cada día parecía ser una persona distinta por su mirada, que variaba entre indiferente, apacible, entristecida, agresiva y nostálgica. Quizás había percibido los leves cambios de brillo de sus oscuros iris por lo mucho que le observaba.

A veces parecía desconocer a cualquiera que le hubiera atendido el día anterior y eso que llevaba un buen tiempo a su cuidado... Pero seguía siendo frío y no les dirigía palabra alguna. ¿Podía hablar? A veces se cuestionaba.

—¿Entonces no eres una muchacha?

Siempre que salían al patio, Shiina preguntaba y el joven no hacía nada más que verla por unos instantes y luego mirar indiferente hacia la nada.

Así fueron transcurriendo los días... Y entonces se percató de lo que ocurría realmente. Cada día tenía otra mirada porque perdía la memoria. Algún tipo de amnesia diagnosticó su madre.

Cada mañana una mirada nueva, el orden se repetía cada semana.

Hasta ese día...

La pequeña Shiina fue como cualquier otra mañana a ver al joven, cuando le encontró sentado, pero había algo distinto...

Sus ojos oscuros e indiferentes se habían tornado en un rojo brillante, intenso e hipnotizante.

Y por alguna razón sus inexpresivos labios formaban una tenue sonrisa.

Él estaba sonriendo hermosamente.


Brotar en la lluvia.

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